viernes, 23 de abril de 2010

Tarde luminosa



Las amenazas de lluvia, que preocuparon a las integrantes del grupo “Visión”, para la hora pautada para su reunión, se habían disipado y la tarde se volvió perfecta. Se llenó de palabras cobijadas en la amena lectura del libro de Ana María Velázquez Creí que me besarías antes de partir.
Son quince relatos en los cuales la voz de la autora se desgrana, se desliza con su lenguaje que no abandona lo poético, ni las imágenes que nos van llevando de la mano a recorrer paisajes, situaciones y personajes, como si en lugar de una pluma que escribe se tuviese una cámara de cine y se escudriñara en lo más recóndito del alma femenina. Las mujeres de los relatos susurran, interiorizan sus sentimientos y los sueltan al vuelo para explotarlos, pero no de manera agresiva, sino al igual que pompas de jabón.
En el libro con una especial estructura se encuentras relatos sobrecogedores y muy literarios como lo es “Macanao”, combinados con poemas, hojas de diario y aún uno muy especial dedicado a Frida Kahlo , que hace referencia a ese ser atormentado, que vivía su propia tragedia y que como personaje mítico no encontraba la redención sino a través del arte plástico. En otros se habla sobre todo de la ausencia o pérdida del amor. Del desgano al terminar una relación, pero que deja la fuerza suficiente como para saber que no hay vuelta atrás, como en el que le da el título al libro y que termina con el desgarro y firmeza de:
No me queda más vientre ni cuerpo para ponerle a esta relación. No quiero.
Yo sólo te ofrecí la palabra, los versos y las rimas.

La presentadora Blanca Arbeláez, amiga y seguidora de la obra de la autora, nos acompañó e ilustró en su trayectoria que incluye la publicación del libro de cuentos Con los ojos abiertos (2.008), coautora del libro de ensayos de investigación La mirada femenina desde la diversidad cultural de las Américas (2.008) y del libro de crítica literaria Dos escritores frente a la crítica (2.006), así como su participación y colaboración en diferentes revistas y diarios.
Quedan las fotos que publicaré en facebook y la presente, en la cual comparto con la autora Ana María Velázquez y la tambien escritora Krina Ber, como testimonio de una agradable tertulia y no olvidar que la invitación para la próxima reunión contará con la presencia de Ana Teresa Torres para contarnos acerca de su libro La historia de la tribu.

domingo, 21 de marzo de 2010

Admiración

Admiro a quien se levanta temprano, aún a sabiendas de que el trabajo le hará parecer el día más largo.
A quien es capaz de ponerle poesía a lo que escribe de una manera fácil.
A quien se cae muchas veces y una y otra vez se levanta animoso y no frustrado.
Al perro del vecino que aguanta a un dueño hediondo y antipático sólo porque lo llevaba de paseo dos veces al día a desahogar su vejiga y otras cosas más.
Al vigilante del edificio que mata las horas, una tras otra, sin otra compañía que los canales de TV venezolanos.
A la niña gordita puesta a dieta por su mamá, pero que me toca la puerta y me pide chucherías.
A la Sra. Ana, mi cocinera por 20 años, que vive más allá de Las Adjuntas y que a pesar de sus 85 años quiere seguir trabajando.
Al buhonero cerca de Plaza Venezuela, tuerto, casi cojo, y siempre sonriente aunque vende muñecos con la cara de Chávez.
Al dueño de un autobús que tiene escrito en el vidrio trasero "En honor a mi abuelo”.
Al vigilante de tránsito apostado en la cuádruple intersección de un semáforo dañado hace más de dos meses y que recibe estoico los saludos a su mamá y el corneteo de cientos de automóviles.
A quienes tienen que tramitar documentos ante el Registro Civil o cualquier oficina pública y no mueren en el intento.
A todas las mujeres a la hora de hacernos la mamografía, parir a un hijo o cuidar a un marido con gripe.
A mi amiga la que está casada con un borracho, que además es un pichirre.
Al marido de otra que sólo sabe hablar de enfermedades y además con voz chillona.
A esta Caracas noble que soporta sequía, ranchificación, tráfico, malandros, motorizados suicidas, calles rotas, y otros miles de males y que sin embargo todavía, en días claros nos regala la luz desde El Ávila y nos anima con los aullidos de las guacharacas.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Caracas con sequía


Caracas, la capital de la indolencia, de la improvisación, del atasco a toda hora, aún con una sequía casi total se olvida por estos días de los ruidos, de las obras inconclusas que abundan por las calles y aceras rotas. No se deja llevar por las prisas y se abandona en gozar de las tonalidades de una primavera que se manifiesta en los araguaneyes floridos, que nos sorprenden en calles y avenidas o muchas veces escondidos en el jardín de una casa. Son aquellos que parecieran temer salir, en ésta cada día más peligrosa urbe.
Los contados parques se olvidan que la lluvia los ha abandonado y muestran a pesar de ello la primavera en las ramas de los bucares, las acacias. Algunos se sienten culpables de ese despliegue de alegría y dejan caer sus flores formando coloridas alfombras que hacen detener a los paseantes. Los invitan a admirar con deleite la belleza de una flor, olvidando por un rato el stress, el apuro por llegar a casa o el trabajo; soslayar el tropiezo con aquellos que quizás no se percatan de la belleza que la naturaleza les ofrece y siguen en la lucha, vencidos por el cansancio que les impide gozar de esa fiesta de colores.
Caracas llena de contrastes también nos empapa la vista y nos sume en la congoja, con la quema de sus cerros. Nos arruga el alma ver como cientos de hectáreas de nuestro Wuaraira Repano están indefensas ante el avance de las llamas. Una guerra que siempre termina por perder y que le costará años para volver reverdecer
No nos sorprende que cada año por esta época se sucedan los mismos incendios y no se tomen previsiones, que falte el agua y la ciudad seca deje que ella se pierda en tuberías rotas o sin el adecuado mantenimiento.
Al menos para apaciguar tanta desidia tenemos esos pocos minutos en que nuestra mirada se posa en nuestros árboles, los que para contrarrestar tanta apatía nos regalan su efímera belleza florida.

martes, 2 de febrero de 2010

Encuentro con Fedosy Santaella



El jueves 28 de Enero fue la acostumbrada cita mensual con el grupo Visión. En esta ocasión el invitado especial fue Fedosy Santaella y su más reciente publicación: la novela “Las peripecias inéditas de Teofilus Jones”.
Tuve el honor y el placer de presentar al invitado. Esto me dio el permiso y el atrevimiento para poder interrogarlo, no sólo acerca de Hugo, el personaje principal de su novela, sino de muchos detalles de lo que ha sido el recorrido de su carrera como escritor desde que salió de su natal Puerto Cabello.
La llegada a Caracas con su carga de provinciano encima, pero que sin embargo, no fuera un obstáculo para que siguiendo los impulsos de una vocación (que necesitó de la señal de una estrella de fugaz en el cielo), lo consolidara como un estudiante de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Supimos también de sus recuerdos de adolescente mientras hacia el bachillerato en el Colegio La Salle, de sus paseos por el malecón en compañía de su padre y así mismo nos llenó de anécdotas y nostalgias por el terruño, con su calle de Los Lanceros, sus dos castillos; el café Americano y la extraña curiosidad de que en Puerto Cabello, no existía para esa época ninguna librería. ( y parece que ahora sigue igual.) . Y como cosa curiosa nos enteráramos que a Fedosy, créanlo o no y a pesar de tener a su gato por más de 15 años con él, NO LE GUSTAN LOS GATOS.
Repasamos su amplia hoja de vida que incluye varios premios y reconocimientos.
Para recordar: En 2.007, Mención de honor en la Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre, con el libro de cuentos Piedras Lunares; En 2006, Premio Único en la mención narrativa de la Bienal Latinoamericana de Literatura José Rafael Pocaterra, con el libro Postales Sub-sole; En 2004, Premio Certamen Mayor de las Artes y las Letras Cada día un libro del Conac. Igualmente invitado especial para diversos Foros, tanto en Venezuela como en el exterior.
La tarde transcurrió de una manera amena, matizada con las experiencias de cada uno de los personajes que desfilan por las páginas de Las Peripecias inéditas de Teofilus Jones. Así pudimos enterarnos que el sicario asesino Alain Charleori, está inspirado en un amigo que reside en Valencia, a quien le oía sus cuentos mientras daban buena cuenta de unas cervezas. Que su Rosita Candelaria habla igualito a como lo hace su mamá, aunque no tenga nada que ver con la forma como actúa, ni como él la representa con esa carga de cuaima encima. Que el país en el cual se desarrolla la novela, puede ser cualquier suramericano sumido en el mismo caos que el nuestro, y que el nombre del tal Hugo, no vino de alguna inspiración con nuestro mandatario.
Gracias Fedosy por compartir con nosotros que sueñas despierto con Pamela Anderson; que tu frase predilecta es: Vamos a darle y que por el contrario tu palabra más detestada es pusilánime.
Esperamos la publicación de tu nueva novela, la tercera de tu trilogía, ahora en proceso de lectura y corrección para volver compartir.
Hay que destacar que la excelente anfitriona Piedad Troconis y su bellísima residencia fueron el marco perfecto para esta tarde literaria. El brindis vinícola y el variado obsequio al terminar la lectura, nos dejaron el grato sabor de una ensalada de gallina, pate de pescado, y un pie de ciruelas, entre otras delicatessen.
Con la promesa de nuevas reuniones, nos despedimos hasta el próximo 25 de febrero cuando Laura Febres, (compiladora), nos hablará sobre el libro del cual fue una de las investigadoras: La mirada femenina desde la diversidad Cultural de las Américas.
Hasta pronto.

lunes, 4 de enero de 2010

PARÉNTESIS



Empezando este nuevo año más que hacer la lista de los nuevos propósitos, es gratificante hacer el balance del que se nos fue.
Durante el pasado 2009 nos subimos, como en un parque de diversiones, a una montaña rusa y como ella tuvimos nuestros altos y bajos, pero al final hay que agradecer que el balance fue positivo. Llegamos a tierra intactos, es decir, al 31 de diciembre con lo que en los últimos años he apreciado más: gozando de salud. No hubo mayores contratiempos, como no fuera una ocasional gripe o algún malestar pasajero. Nada que lamentar.
En el aspecto laboral, pasados los agites de tratar de resolver los “cangrejos” viejos que habían quedado del año anterior, sólo me queda por concluir que cumplí los objetivos propuestos y con la ayuda de la paciencia, pude sortear la desidia judicial: el gran mal de nuestra administración de justicia.
En lo personal tuve la oportunidad de hacer tres viajes que fueron importantes, porque cada uno de ellos me reconcilió con un aspecto diferente.
El primero de ellos durante las fechas de los Carnavales nos llevó a Colombia. Ese viaje le trajo a mis esposo el reencuentro con parte de la familia paterna a la cual casi no conocía, ya que eran muchos los años sin tener contacto directo. Fueron unos días plagados de cariño donde nos arropó la hospitalidad y el sabor colombiano. A mi el contacto con esa parte de la familia de mi esposo me llenó de agradecimiento. El comprobar que el afecto se transmite y que el calor y cariño de la sangre también me llegó, aún cuando nunca los había visto.
El segundo en la época de junio a julio, me llevó a los Estados Unidos a compartir con mi propia familia, la que por las circunstancias actuales que vive el país se encuentra residenciada afuera. Dando su mejor esfuerzo para el crecimiento de esa otra tierra que les ha acogido con beneplácito, sólo porque son capaces y luchadores. En la cual aún se sienten a veces como extranjeros, pero que saben es en definitiva su segunda patria, a la cual deben respetar y aprender a querer tanto como a la propia. Ven con tristeza que el retorno será imposible y añoran ser parte del país que dejaron, pero deben luchar por otro.
El tiempo compartido con sobrinas, sobrinos, prima y amigos fue invaluable. Un buen recuerdo de principio a fin que llenó mi espíritu, dónde los momentos de alegría se multiplicaron junto a las largas charlas y recuerdos en común.
El tercer viaje, para cerrar el año 2009, nos llevó a mi esposo y a mí a República Dominicana (Punta Cana) a hacer un verdadero paréntesis en la rutina diaria. Fue el encuentro con el ocio sibarita, el dejar atrás cualquier preocupación y adentrarnos en la muda contemplación de como las horas pasaban sin nada que las disturbara, como no fuera el disfrute de las pequeñas cosas. El reencuentro con la inmensidad de una playa, donde la brisa llegaba a bañarnos junto al sol de una sensación que nos sumía en un sueño y comprobar que estábamos en un paraíso terrenal. Olvidados de los cortes de luz, de la falta de agua, de las sin inútiles protestas que no son atendidas, de la delincuencia que arrebata vidas y cercena futuros.
Fue volver a las largas charlas en intimidad, a renovar los deseos de estar juntos y hacer nuevos proyectos. A comprometernos a que debíamos repetir esos momentos mientras la salud lo permitiera. La lista de los nuevos viajes que estamos planificando se nos hizo extensa. Espero cerrar el balance del 2010 con un Check Mark en cada uno de ellos.
Así que BIENVENIDO 2010, tengo la mejor de las disposiciones y el buen ánimo presente para afrontar con esperanza cada uno de los 365 días, de las 52 semanas que tengo por delante. Que en cada una de las horas venideras tenga la fuerza para sortear los malos momentos, que de seguro siempre vendrán y la palabra de agradecimiento por los buenos que espero tener. Por último y para cerrar este paréntesis deseo de todo corazón que las acciones que emprenda para conseguir mis metas o logros no dañen a nadie y por el contrario reciba la bendición de ese Dios Todopoderoso, quien en definitiva es el Supremo ejecutor de nuestras propuestas

jueves, 26 de noviembre de 2009

Vida de retos


Aquiles Araque cumplía cada día un reto particular cuando se montaba en su moto: llegar al sitio encomendado en tiempo record. Al igual que un atleta que quiere mejorar su marca con la práctica diaria para obtener una victoria, la personal del vivaz joven era bajar los tiempos en una alocada carrera contra el tráfico, los huecos o pavimento irregular, el sol o la lluvia y cualquier obstáculo que se le pusiera adelante. No había semáforo que respetar, los fiscales de tránsito eran evadidos sin ningún remordimiento y como corona para tal comportamiento se ufanaba en que no tenía ni una sola boleta por causa de alguna de estas infracciones. El propio vivo criollo que no respeta las leyes y es más goza con ello.
Así se le oía hablar
—Hoy hice un recorrido de punta a punta, Petare a Caricuao y solo me tomó 10 minutos.
O esta otra
—Me comí 15 semáforos seguiditos. Los conté uno a uno y ni un choquecito.
Las hazañas de Aquiles le valieron el orgulloso remoquete de Flecha Veloz.
Hay que decir que en la empresa donde trabajaba todos contaban con que el orgullo de Flecha Veloz para llegar lo más rápido posible a un sitio, les solucionarían los problemas de entregas urgentes.
Confieso que yo misma me aproveché de esa debilidad de Aquiles Araque de coquetear con el suicidio, de jugar al Superman pero sin cambio de ropa y en moto.
Un día debía de entregar ineludiblemente unos documentos como parte de unas pruebas judiciales. Eran las 10y 30 AM del día señalado para el acto, yo me encontraba en mi oficina ubicada en Buena Vista (Petare) y todavía los benditos papeles no habían llegado a mis manos y lo que es peor estaban en lo más lejano de El Junquito. Estaba segura de que era imposible que Flecha Veloz fuera a buscarlos y me los llevara a la oficina, para a su vez, yo llevarlos a los Tribunales ubicados muy cercanos a La Casona, antes de las 11 AM.
Me equivocaba. Ese era un reto que él no podía dejar escapar. Aceptarlo, exprimir el tiempo, beber del cáliz del peligro hasta la última gota, sentir el vértigo de corretear entre buses, automovilistas agresivos, sortear a los fiscales motorizados que le podían dar caza; todo eso era lo que le daba el sabor a su vida , ( además de la suculenta gratificación prometida).

Nunca supe cómo lo hizo, pero ese día Flecha Veloz debió haberle puesto alas a su potente Suzuki Katana 380cc y adornados como estaban sus manubrios con flecos de colores, con el tubo de escape cromado, rines especiales y un sin fin de periquitos más, de seguro se convirtió en un Avis rara que voló cual papagayo en un día de viento.
La última vez que lo vi fue cuando estaba retirando su cheque de la liquidación de la empresa. Lo habían despedido porque en una loca carrera por la Cota Mil se le cayó el maletín donde estaban todas las facturas por cobrar. En medio del tráfico y el aguacero que caía, no pudo recuperar ninguna y los deudores felices y gracias.
Ayer me encontré con él después de más de quince años sin saber de su vida. Estaba sentado detrás de un escritorio. De momento no lo reconocí, fue él quien lo hizo y me llamó. Me le acerqué y vi como estaba trabajando en el sellado de un montón de planillas. A cada una de las hojas debía ponerle como cinco marcas con el pomposo nombre de República Bolivariana de Venezuela y el larguisimo Ministerio del Poder popular, etc, etc. La rapidez con la que estampaba el sello, la pericia con que lo mojaba en un colchón de tinta y volvía a poner el sello sobre las hojas, me causó risa. Le comenté en tono burlón

— ¿Estás rompiendo otro record con las planillas selladas?
Antes de que alcanzara a contestarme lo observé.
Lucía maltratado por la vida. El bigote a lo dandy de los 40, que antes tenía, se convirtió en uno grueso y poblado que le cubría todo el labio superior. Una cicatriz muy visible en el lado derecho de la frente me hizo suponer que en algún momento había perdido alguno de sus retos y además había ganado más de 20 Kg.
Muy serio me contestó:
—Pues sí. A esta hora ya llevo 150 planillas selladas, 20 más que ayer a la misma hora. Es lo único que me queda por hacer, porque mire –y se separó un poco del escritorio— ya no me quedan piernas para montarme en la moto. Ahora sólo soy Sello Veloz.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Viaje por País Portátil



Han pasado más de 24 años del cambalache de mis libros, entre los que estaba aquella primera edición, por una sentencia de divorcio, y más de 40 de su primera publicación. La ciudad protagonista, esa Caracas que era fácil reconocer en las imágenes y los apuntes de las esquinas y avenidas, en sus sitios emblemáticos, en el nombre de los carteles y vitrinas, en las tiendas ya desaparecidas como Sears y El Almacén Americano, se ha alterado y pasado a ser de la vedette protagonista a la ciudad víctima.
La ciudad se contagió con el miedo que Andrés Barazarte trajo por una tarde y media entre sus piernas y se volvió presa recelosa, aprensiva. La atacó el mal de amores y abandono de Ernestina y ya no es ni la caricatura de la urbe esperanza para los que venían, no sólo del medio provinciano, sino de más allá de los mares. Se le escurrió la savia del progreso por los canales de la improvisación y el desdén. Se le volvió el cuerpo áspero como caparazón de morrocoy o como Hortensia se quedó prendido y tieso en algún sello de correos o en el gastado slogan que la alababa como la sucursal del cielo. Ya no se percibe el olor a mandarina que traía Delia cuando se acercaba, tan firme en sus ideas, centrada en lo que quería, segura de lo que estaba haciendo.
Ahora nos invade la dispersión y nos resignamos ante la inminente tragedia. La indiferencia nos ha postrado y hecho sus vasallos. Hay miles de Angélica sin voluntad de lucha, contra unos pocos, casualmente jóvenes e idealistas, que aún pretenden, aunque no puedan, dar batallas. A diario se apuesta a la sombra de la ilusión. Se pelea sabiendo que el oponente tiene plomo en los guantes.
La guerrilla y terrorismo urbano ha sido suplantado por una optimizada violencia aún más peligrosa y carente de ideales, (si es que aquella alguna vez los tuvo). Ahora son bandas armadas que se han repartido la ciudad y obedecen a la ley del revolver asegurados por la impunidad.
La fogosidad juvenil se ha alterado para generar el sicariato y los sitios más cercanos a nuestras fronteras, son ahora la guarida o escondite protector para los irregulares armados del país vecino, con total anuencia de parte del gobierno.
La provincia que conoció de las pequeñas guerras civiles entre liberales y godos, retratados en los recuerdos del abuelo de Andrés, ahora las ha trasmutado y vive las escaramuzas de las invasiones aupadas por las autoridades, que le dan el visto bueno mediante decretos firmados con la complicidad de una supuesta representación del pueblo.
Hay una mutación de valores y consignas, pero la barbarie sigue tiñendo de rojo la tierra. La humedad en los rostros no alcanza para regar y hacer fértil a la tierra abandonada.
Los desmanes de la mano militar que tanto nos azotó durante los últimos años de siglo XIX y la primera parte del siglo XX, pinceladas en la memoria del abuelo, que formaron la historia de los Barazarte, sólo ha cambiado de nombres y buscado el aval con la burla del sufragio amañado.
El Guaire, nuestro testigo siempre presente, sigue trayendo como bien lo decía Andrés, su carga de excrementos, miseria líquida que todavía ningún gobierno, ni los de antes ni los de ahora, consiguen revertir. Sólo que al presente el resoplido de una ciudad que ha crecido más allá de lo estrecho que el valle lo permitía, se escucha con fuerza atronadora y es posible que en un corto plazo nos devore como un dragón acorralado, con el poder y el coraje de quien no tiene nada que perder.
Terminé mi viaje por País Portátil, es decir su relectura con la amargura y seguridad de que lo planteado allí, seguirá teniendo un acento de vigencia en esta ciudad desmerecida, en este país desprotegido. De que la invasión benefactora de los provincianos del mundo, que se narraba en la obra, sigue pero con el disfraz de una ayuda en salud, deportes o tecnología, sólo que ahora provienen de las tiranías; no sólo las vecinas caribeñas, sino las que existen a miles de kilómetros, y que se nos hacen cercanas por la sola voluntad de un único hombre. Cambiamos la vieja y tramposa Guipuzcoana, por el comercio en desventaja con el socio alcahuete, que se aprovecha del delirio de un poseso.
Nada ha cambiado en la esencia, solo se ha mutado para convertirse en algo más desgarrador: la conciencia de que seguimos siendo un país para llevarlo no en un maletín, sino en las únicas manos de quienes por su incapacidad y afán autoritario nos conducen al naufragio y a tiempos que se creían superados.
Y me viene a la memoria la canción de Rubén Blades
Se vende un país portátil/ con su autoestima en el suelo
Con un enorme complejo/ que lo hace antinacional
Es un lugar sin memoria/ donde ya nada sorprende
Ni ver crimen indultado/ o a un charlatán presidente.