miércoles, 30 de abril de 2008

Verushka Beatrice cumple 15 años


Así, sin más preámbulos, con toda la boca llena de orgullo y el alma feliz de poder estar viviendo este momento lo digo: Mi nieta VERUSHKA BEATRICE, segunda en la línea de sucesión de las nietas cumple hoy 15 años.
De aquella bebecita de pelo ensortijado, ojos curiosos, llanto malcriado y perfil indefinido queda poco. Hay ahora una bella mujercita con larga melena negra, cuerpo que emula a la sirenita (pero sin la cola de pez), carácter que a veces nos hace sospechar que algunas cosas son hereditarias, sonrisa que desarma al más prevenido y lo hace caer en la enredadera de sus encantos; boca siempre dispuesta para no sólo pedir y pedir (como todos los adolescentes) sino para deleitarnos con sus a veces inentendibles cuentos, mezclados con una gracia y humor de cuyo legado tampoco puede renegar.
Si descorro el velo del tiempo y me acerco aquel día del 1.993, me parece tan cercano, que me cuesta creer han pasado 15 años, desde cuando todos reunidos esperábamos con mezcla de temor y alegría que nos dieran la noticia de que “todo ha salido bien”¡ Es una niña!
Mi querida nieta en este día voy a ponerme de un cursi que te dará pena, ya que voy recoger todas las palabras bellas del diccionario para obsequiártelas. Haré con la luz que me brinda el amanecer un haz de colores y lo pondré en tu cara, para que se iluminen como nunca tus ojos negros y se ruboricen las flores ante tu belleza. No habrá hada buena o ángel que no esté invitado para regalarte sus dones y virtudes y si por casualidad se cuela algún envidioso, que no está convidado, para llenarte aunque sea con un asomo de desdicha, estaré dispuesta a aniquilarlo. Para hoy y el resto de tu vida quiero que los caminos por donde transites estén llenos de alegría y si alguna pena te debe afligir, que la puedas compartir con quienes te amamos, para que así entre todos tu parte triste sea menor.
Quiero que esa ilusión que hoy te viste de juventud y te hace cosquillas en los oídos con palabras de amor, te acompañe por siempre, como lo hace conmigo la dicha de verte crecer y hacerte una mujer. Te bendigo con todo mi amor

Premio para Senel Paz


El día martes 28 leí en la prensa que al escritor cubano Senel Paz (Fomento, Cuba 1.950) le ha sido concedido el Premio de Creación Literaria de la Casa de América Latina en Lisboa, por su obra En el cielo con diamantes. Tuve la grata oportunidad de conversar con Senel con ocasión del Primer Encuentro Internacional de Narradores que se celebró en Caracas, Valencia y Mérida del 5 al 9 de noviembre del 2.007.
Confieso que en aquella ocasión, quizás por la influencia de algunas frases que acompañaban a la propaganda de cómo se celebraría el encuentro, las cuales dejaban ver el apoyo bolivariano, y los nombres de algunos de los presentadores oficialistas, me llevaron a pensar en un primer momento que el mismo estaría sembrado de propaganda odiosa, la cual evidentemente era lo último que deseaba escuchar.
El día de mi asistencia al acto programado en el Celarg me llevé la grata sorpresa que el panel con los escritores Laura Mintegi, Marilyn Bobes, Oscar Collazos, Mempo Giardinelli, Laura Antillano , Stefania Mosca y Senel Paz, estuvo bastante equilibrado, por así decirlo y no se cayó en posiciones extremas y recalcitrantes. Pero sobre todo y esto nos satisfizo tanto a mi como a las amigas que me acompañaron, la conversación sencilla y sin poses tanto de Senel Paz como de la cubana Marilyn Bobes, nos llevaron a compartir gratos momentos e inclusive en el caso de Marilyn hasta criticar su situación dentro del régimen dictatorial imperante en su país, por todos conocido y sólo negado por los más absurdos seguidores de la filosofía castrocaduca, con ese humor contagioso de quien se ríe de sus propia desgracia.
De manera que de veras me complace y alegra el otorgamiento de la distinción literaria para Senel Paz, con ese libro que nos lleva a compartir la visión de la Cuba de los años 60, cuando todavía se creía posible que las cosas fueran lo que los lideres pregonaban o de que pudieran funcionar de la manera soñada, vista a través de las experiencias de los dos adolescentes Arnaldo y David, trasladados desde su medio rural, a la ciudad de La Habana.
En el cielo con diamantes, te recrea el ambiente de la época, no se esconden los célebres comités de defensa de la revolución, se deja ver el racionamiento que desde siempre la caracterizó y por supuesto la picardía para evadirlo, con la corrupción cómplice. El cambio de los valores en la sociedad y por supuesto como se empieza el manejo de las diferencias sociales, con el mismo odio y desprecio que a nosotros, aquí en Venezuela, nos ha ido arropando poco a poco a instancias de los venenosos consejos de los dirigentes revolucionarios.
Felicitaciones para Senel Paz y ojala (tal como lo prometió), repita su visita y nos deleite pronto con otro buen libro.

miércoles, 23 de abril de 2008

23 de abril de 2.008

Tal día como hoy, si el diario de mi abuelo tenía razón, en el año de 1899, o si por el contrario la declaración de mi abuela hecha ante la Jefatura Civil de Maracaibo de que su hijo Rodolfo Enrique había nacido el 23 de abril pero de 1900, era la cierta, sería el aniversario 109 o 108, del nacimiento de mi padre. En cualquiera de los dos casos fue una suerte que eso sucediera ya que caso contrario no estaría yo aquí ni escribiéndole, ni recordándolo.
Papá no era justo dejar pasar este día sin que tecleara algo especial para ti. Es más, creo que te lo debía. Para quien como tú un ávido lector y erudito autodidacta, escribir fue una de sus pasiones, y como periodista frustrado una razón los últimos años de tu vida, pensar en comunicarme contigo a través de estas líneas, representa además un acto de respeto y admiración.
Durante mucho tiempo fuiste llenando páginas, con paciencia vespertina, en aquella pesada máquina de escribir, la misma que te acompañó por siempre, con su letra R un poco torcida, lo que le daba un carácter especial a tus escritos. Cuando comenzaste a escribir lo que denominaste “mis memorias del perdón y del olvido”, aún no existía la computadora y ni te imaginabas que un día Internet supliría a la correspondencia escrita de puño y letra, a esas cartas que te empeñabas en poner directamente en la oficina de Correos de Carmelitas, a tu entender la única que funcionaba y desde la cual si llegarían a sus destinatarios sin demoras. Entre esos felices estaba tu hermano Tulio, residenciado desde siempre en New York, con el cual mantenías una sólida comunicación que la distancia no hacía sino acrecentar. Fueron muchas las cartas tuyas que me encontré cuando estando en esos largos viajes, esperaba con alegría tus noticias. Recuerdo que una vez estando en Copenhague, llegué a un hotel diferente al marcado en el itinerario que siempre dejaba, y al saber que me habías escrito allí, a riesgo de perder el avión que ese mismo día tenía que tomar, pero sin querer tampoco perder tu carta, fui al hotel a buscarla. Allí, con su refinada letra y escrita con tinta, encontré como en un cofre de joyas tus noticias de lo que pasaba en la familia y en el país. Me contabas esas pequeñas y cotidianas cosas que cuando estamos lejos sabemos apreciar más que cuando las tenemos cerca.
En los siete años que tu nieta, (mi hija) vivió en los Estados Unidos, la mejor referencia de las noticias locales le llegaban por ti, con tu criterio de periodista por vocación y aderezadas con el orgullo de que ella se estuviera instruyendo en lo que la vida, por las circunstancias difíciles que te tocó vivir, no te permitió estudiar.
Guardo como un tesoro, el legado escrito de los muchos acontecimientos sucedidos en Venezuela desde tu nacimiento hasta 1.983. El relato de los años que te faltaron por narrar hasta tu muerte en 1.985, nos dejaron un vacío tan grande como tu ausencia, pero no fue sino por falta de tiempo, (el que la muerte te robó), que no quedaron plasmados, porque tu memoria te fue fiel hasta los últimos días. No así tus pasos, que se volvieron un poco lentos y pesados, y que te impidieron seguir tus largos paseos, nombrando cada calle con su nombre, por el corazón de Caracas, ese que circunda la Plaza Bolívar, o la sede del antiguo Congreso Nacional, con su cúpula dorada del salón Elíptico, el mismo al cual nos llevaste a conocer, siendo muy niños, para explicarnos con detalle cada una de las pinturas que internamente lo adornan.
Entre todos los recuerdos que acumulo de ti, no hay uno solo que no esté lleno de amor, y ejemplo a seguir. Tu círculo íntimo, mamá, nosotros tus hijos, tus seis nietos que te llenaron siempre de alegría, o tus hermanas a quienes constantemente diste cuido y protección, gozaron de tu bondad y palabra diáfana. Así también era tu alma, transparente y sin odios. A algunos podías parecerle callado, pero como un verdadero Patriarca, poseías la sabiduría para conocer a su rebaño y la mesura en la palabra para no crear conflictos.
Y aquí estoy Papá, muy cerca de ti. Recordando tu rostro sereno, con su mirada limpia de nubes detrás de los gruesos lentes, tu pelo abundante y canoso, y oyendo tu oportuno y sabio consejo. Venerando tú figura de padre protector, no como a un Dios en el Olimpo, sino como al más verdadero de los mortales, porque siempre te supimos cercano, benevolente y agradecido como el bosque que crece a las orillas del río dándolo todo sin egoísmos y a todos por igual.
Se que desde dónde estás, sigues dándome tu bendición. Cuento con ella cada día para que mis despertares tengan, al igual que tu voz, la misma calidez del sol mañanero.

lunes, 21 de abril de 2008

Sin rastros

Es el titulo de una película ahora en cartelera, protagonizada por Diane Lane, la misma actriz que nos deleitó con una fresca imagen en Bajo el sol de Toscana. En este thriller, al mejor estilo americano, aunque ella ya no luce como en aquel film como la romántica recién divorciada que se enamora literalmente hablando de la bella región italiana, nos deja ver ahora la fuerza y carácter del personaje que encarna: Una inteligente detective dedicada al departamento de crímenes cibernéticos y que a diario debe resolver con éxito los abusos e ilegalidades cometidos en la red. Sin embargo, se topa con un maniático psicópata (a quien es imposible ubicar donde se encuentra) que expone los crímenes que comete mediante su propia página de Internet Killwhitme.com, para saciar no sólo su sed de venganza, sino exponer en el ciber espacio como y que tan morbosa e indiferente es la gente y la sociedad ante la observación de un crimen delante de sus ojos. El resto, junto con su esperado pero no tan previsible final, lo podrán disfrutar cuando acepten la recomendación y vayan a ver la película.
Así de esa forma sin rastros , nos encontramos en este país con muchas cosas. Nos hemos preguntado muchas veces a dónde están o que ha pasado con por lo menos algunas de estas cosas que listo más abajo, las cuales están por supuesto sin rastros
Las promesas electorales de que no habría más niños de la calle.
Los resultados definitivos y confiables emanados del CNE , de la votación del 2 de diciembre, acerca de la Reforma constitucional.
La oposición que lideraba marchas en los tiempos previos al 11 de abril y al paro petrolero.
Los millones de dólares que entran por renta petrolera, sin que tengamos que buscarlos en los países vecinos, como Cuba, Bolivia, Ecuador, Haití y quien sabe cuantos más.
Las palabras de Manuel Rosales cuando dijo “voy a cobrar”.
Las investigaciones por corrupción a ciertos personeros del gobierno.
La leche, el pollo, el aceite, el azúcar y muchos más que cuando aparecen es en la mano de los buhoneros a mayor precio.
La policía honesta cuando se necesita. La mayoritaria , la corrupta , está del lado del delincuente, ya que forma parte de ese mundo.
Los jueces en general y muy en especial los del Tribunal Supremo que no sean complacientes y meros voceros de las ordenes del Ejecutivo.
La justicia para con los falsos implicados o todos a quienes se condena con testigos “estrella”, capaces de venderse y confesar a quien se vendió, por puñados de dólares.
La probidad de los funcionarios y allegados a las cúpulas del Gobierno.
A todas ellas , siempre se contestará SIN RASTROS, nadie sabe, ni sabrá su paradero, ubicación o coordenadas confiables, seguras. Estamos en el desierto, o latitud cero, en los mismísimos polos , donde no hay ni norte , ni sur, dependiendo cual sea.
Cuando de lo personal se trata, si no se encuentran las llaves, o donde se dejó la Cédula o el documento importante, siempre cabe la posibilidad de que encomendemos para su aparición a San Antonio, o a José Gregorio de la Rivera o quien sabe si al Negro Primero, o María Lionza , y con un poco de fe y paciencia puede ser que aparezcan, sino de inmediato, al menos en un tiempo prudencial. Nuestras cosas perdidas la mayoría de las veces si dejan rastros, pero las listadas arriba, como decían los viejitos del pueblito aquel “ yo te aviso chirulí”.
Nos vemos en noviembre ante las mesas de votación y les aseguro que con una concurrencia masiva y decidida a defender su democracia, a todas las cosas perdidas se les va seguir el rastro. Claro que las vamos a encontrar. Hay que creer en eso de que el crimen no paga. Al menos así pasa en la gran mayoría de las películas.





sábado, 19 de abril de 2008

Un sábado cualquiera


No hay sino que comenzar a planificar el día, para ello busco la prensa y me voy directo a la página cultural para ver las opciones que me ofrece en materia de espectáculos o exposiciones. Está la feria del Libro en los espacios del CIEC de la Universidad Metropolitana. Hay varias conferencias y presentaciones de libros. Entre estos últimos está el de Maytte Sepúlveda “Aprender a Vivir”. Es increíble el número de textos de Autoayuda que ha proliferado en los últimos tiempos. La necesidad de la gente de buscar más allá de su ámbito un algo extra que la acompañe en los duros avatares diarios va en proporción directa a como se siguen editando este tipo de publicaciones. Algunas de ellas bien documentadas y con el mejor propósito de que las personas se pongan en contacto con sus problemas y los aprendan a manejar o soslayar de la mejor manera posible. Otros cuantos y por demás numerosos no son sino un compendio de experiencias ajenas transcritas en unas páginas, con el ánimo de que el lector se de cuenta de que su problema es similar al de muchos y que por lo tanto al no ser el ombligo del mundo, puede sentirse satisfecho, casi “mal de muchos consuelo de tontos”. Está asimismo la presentación del libro de Jaime Manrique “Nuestras vidas son los ríos”, basado en la vida de Manuelita Sáenz. El sólo título ya nos lleva por un camino poético, si queremos completar la frase del verso copla de Jorge Manrique “que van a dar a la mar que es el morir”. Habría que leer desde que visión es estudiada la que fue amante de Simón Bolívar, mujer de temple y valor que le sumó su bien ganado título de la Libertadora del Libertador. Este rebuscar en algún plan que hacer para la tarde o noche del sábado me trae el recuerdo de que en mi biblioteca están esperando, como silentes genios algunos libros que debería de leer para cumplir con las tares pendientes del diplomado. Entre ellos está Lunar Park, del niño terrible de las letras norteamericanas Bret Easton Ellis, con sus 379 páginas cargadas de confesiones y ficción, lo cual sería un programa a considerar para llenar algunas horas.
Sin embargo, dejo de lado esta posibilidad y me embullo en una búsqueda frenética por Internet a ver si consigo algo más de Randy F. Pausch. Éste era Profesor de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, cuando le fue diagnosticado un cáncer de páncreas con un estimado de vida de seis meses. Antes de su renuncia académica da una conferencia a sus alumnos en la cual expone su receta particular y resumida de consejos para sus hijos. Con la claridad de pensamiento de quien se sabe próximo a morir Pausch, cuenta la historia de un viaje poco común acerca de “Viaje a las estrellas, la gravedad cero y alcanzar los sueños.”. Toda una lección de vida que ahora se complementa con la publicación de un libro The last lecture. La reflexión que me hago no se hace esperar. Cuando nos encontramos en situaciones críticas es cuando tomamos verdadera conciencia de que los cambios en nuestra vida los debemos hacer cada día, y no cuando sabemos están cerca nuestros últimos momentos. Es ahora el tiempo para comenzar a valorar y apreciar las pequeñas cosas , esas que nos llenan los huequitos del alma pero que a la larga son las que nos ponen los pies en la tierra y nos enfrentan con nuestra mortalidad.
La dirección de Internet para saber más de Randy Pausch es www.cmu.edu/randyslecture.

domingo, 13 de abril de 2008

Dolor y añoranza



Sólo el cauce del tiempo
lleno de orillas
nos vincula y nos separa.
Ramón Querales

El dolor de no tener las cosas que añoramos. La sensación de anhelar lo que tuvimos y ahora no poseemos, en este caso, un amor fraterno, una presencia, un cálido abrazo.
El constante pensar en ese alguien especial con quien compartir una noticia, un chisme. Añorar a ese ser a quien vimos crecer a nuestro lado, transformándonos ambas de niñas en mujeres. Con quien compartimos travesuras, secretos, perdones, el sinsabor por amores no correspondidos, maldades, críticas, estudios, caminatas y autobuses para el liceo y la Universidad. Ese constante recordar como planeamos fiestas, nos disfrazamos en Carnavales, celebramos bautizos, fuimos a bodas ajenas y propias. Discutimos películas, libros, opinamos lo contrario de la otra, nos disgustamos y nos contentamos. Hacer el balance de las veces que juntas reímos y lloramos por las pérdidas comunes o por las propias de cada quien. Abrazamos causas, hicimos política, defendimos derechos, peleamos por otros, mentimos sin dañar, ocultamos verdades para no herir. Ayudamos al amigo y aún sin recibir su apoyo, olvidamos rencores. Pasamos la página de los malos ratos, para escribir en las que estaban en blanco proyectos comunes y oportunos. Perder la cuenta de los viajes hechos, abiertas al cambio, buscando horizontes y momentos felices. Sentirnos satisfechas de como amamos y cuidamos a los padres y hermanos, dándoles el hombro y llorando su ausencia. Compartimos herencias sin ver a quien le tocaba más o menos y sin pensar que un día sería la tuya, la de tu generosidad, la que nos arroparía hasta el último día y que habría de alcanzar para todos a quienes amaste. Verte multiplicando el afecto y así a falta de hijos propios adoptabas sobrinos y coleccionabas ahijados.
Pensar en ti Beatriz, es hacer el camino que me falta con alegría, al llenar con tu perfume los rincones del alma. Es acortar el tiempo, cuando hay que esperar, con tu recuerdo que lo llena y abarca todo. Es sentir la mirada ladeada de tus grandes ojos negros y es oír la risa gitana como soplo de viento de tu melena larga, lisa unas veces y encrespada otras, como tu ceño, cuando te proponías metas y no las alcanzabas.
Añorar tu presencia, tu compañía, recordar tu cuerpo y tus múltiples dietas. Admirar tu rostro con la belleza de una pintura de virgen del Renacimiento, con su tez de nácar y sus cejas perfectas. Maquillada siempre con los colores del alba, hasta para hacer la limpieza y cumplir con esa manía tuya de que todo estuviera impecable.
Pelear por ti con quien yo pensaba no te amaba lo que tú merecías. No estar de acuerdo con muchas de tus cosas, pero asentir en silencio para entender y respetar tus razones.
Es pedirte perdón por no estar contigo a la hora y final de tu último día. Por no saber que pensabas cuando, ojala feliz, regresabas de Margarita con nuestra prima, otra hermana, Carmen Cecilia y una maleta repleta de compras, perfumes, maquillajes y aquella blusa verde esperanza que nunca estrenaste.
Me faltó mucho por decirte querida hermana, pero creo que tú ya eso lo sabes.
Este 14 de abril, la estrella más brillante llevará hasta tu morada toda su luz y la pondrá en tu pelo, y así yo sabré que desde allá sigues conmigo, aunque te añore como el primer día de estos largos 17 años en los que no oigo tu risa, ni me contestas cuando digo tu nombre.

sábado, 5 de abril de 2008

La espera




Una calle cualquiera detenida en el tiempo como las piernas de Marcelo. No puede alcanzar más allá de su entorno, depende de su silla de ruedas. Quiere ir lejos de su propia resignación y evadir su miseria, pero está encadenado a su destino, al igual que un vehiculo sin chofer espera quien lo lleve a conocer otros caminos.
Al mirar desde la ventana, a esa calle sin nombre que recordar, le parece casi la salvación llegar hasta abajo, donde la vía se cruza con el río; internarse entre la gente como uno más, sin que sus pasos parezcan diferentes a los de los otros.
Más fácil que hacerlo es pensarlo, y así el pensamiento tiene no sólo alas sino piernas, largas y ágiles, no tullidas y maltrechas, que no le llevan a ninguna parte. O ¿será que en ninguna parte es donde ahora está?
Desde su rincón la ve pasar todos los días, es casi a la misma hora cuando vislumbra la silueta que a fuerza de esperarla se le hace cada vez más lejana. Sin ir a su encuentro, sin verla de cerca, ya la reconoce cuando asoma por la esquina y cruza justo enfrente del kiosco de periódicos. A veces se detiene un poco, sólo lo suficiente para que él le pueda detallar la melena de rizos como serpientes o ¿son gusanitos jugando entre sus dedos?
Desde la altura del tercer piso, los colores se le confunden, ya no sabe si es por la luz de la tarde, o que la noche se anticipa cuando se piensa tanto en alguien. Ahora ya no la ve, presiente que está justo pasando bajo su puerta, la de su casa y pequeña cárcel. Si ella no cambiara de acera, allí justo donde cruza, él la podría observar durante más tiempo, pero no lo hace y no consigue sino seguir pensando, adivinando, como los pasos van uno a uno hasta perderse detrás de alguna puerta, la puerta de ella.
Si hubiera sido en otro tiempo, cuando era rápido y curioso, al verla asomar a la esquina iría a su encuentro. Le hablaría, la tomaría del brazo, quizás hasta le daría un beso, no uno robado, sino esos que se dan de costumbre, cuando sabes que las cosas son tuyas y las puedes tener cuando quieres. No habría tanta espera, tanta desolación y toda la ciudad le sería conocida, no sólo esa calle, una calle cualquiera, la única que ve desde su ventana, entre nieblas y hastío.
Es desde su ventana, lleno de una esperanza que se mengua con cada día que pasa, que éstos sin ser iguales, parece que fueran los mismos. Ahora viene el atardecer y con él termina la espera hasta el día siguiente. Más tarde dar tiempo al tiempo para que llegue el alba y allí anclarse de nuevo contando hormigas, como se cuentan minutos. La soledad no acepta compañía, lo llena todo ella sola y Marcelo lo sabe y lo sufre. Entró en ese círculo ya hace tres años, cada vuelta lo lleva más hondo y profundo. Solo ella, la sin nombre, lo mantiene a flote. ¿Como llamarla? Mil nombres le había puesto, pero ahora disfrutaba de ese anonimato obligado, había renunciado a imaginarla asociado a alguno. Es simplemente ELLA.
—Mañana bajaré a esperarla, — se miente Marcelo—, y el sólo pensamiento le da escalofríos.
— ¿Que le diré?
Y escribe y repasa el guión que puede escenificar. No hay razón para no hacerlo o las miles que hay ya no importan, ha tomado su decisión y con ese pensamiento se siente menos solo.
Es diciembre y la música de unos aguinaldos sube hasta su ventana y lo liberan de momento de su triste entorno. Sueña. Se ve a si mismo con sus piernas volando como alas de pájaros sobre las calles y despierta sintiendo que sus palmas recogen el llanto de su cara. Siempre habrá una espera, mientras él esté dentro de una pesadilla, con la revelación de un mañana que llega igual que tantos otros. No hay guión, no hay palabras, su círculo diario está por cerrarse.
Ella ignorante cómplice de esa espera, recorre cada día su habitual camino, da cada paso sin pensar en quien la observa y cruza la calle, dónde siempre, cercana a la acera que la lleva a su puerta, que no es otra puerta sino la de Marcelo. Ninguno de los dos le habla a las piedras, quienes si saben, que ambas puertas son la misma puerta y sigue la espera.
Ahora sí siente el frío, cierra la ventana y sigue callado, mientras su círculo se cierra hasta el alba y comienza de nuevo la espera.