sábado, 25 de abril de 2009

Carta a mi abuelita

20 Febrero 2.009

Mi adorada abuelita.

El mes pasado antes de llevarte al asilo, (o como el tío Nerio le dice para soslayar su culpa: el hogar de reposo), no pude sino observarte cuando ya de salida , con tu cara conmovida, diste una agónica y última mirada, un poco a cada una de las cosas de tu alrededor. Creo que querías llevarte para acompañar a tu soledad sin esperanzas, y antes de que se te desbordara el olvido, todos los recuerdos que allí dejabas. Sé que no te fue posible.
Hoy volví a la que fue tu casa por cuarenta años para archivar en mi memoria, con obstinación de lluvia mañanera, todas las evocaciones que tú no pudiste retener.
Fui a arrancarle tus charlas al sofá de cuero donde recibías a las amigas, para hacer un gran collar y engarzar una a una esas conversaciones en tu ausente memoria; con la esperanza de que a fuerza de revivirlas contigo vuelvan a pintar tu lucidez.
A recoger todos los olores que dejaste esparcidos; los de tus guisos en la cocina; el de las flores que cuidabas en tu jardín; los de las lociones y perfumes que guardabas en tu baño, para regarlos en tu nueva casa, y que ellos oculten los desiguales aromas de botica, antisépticos y alcanfor.
A grabar un CD con todo lo que te era familiar: los trinos de los pájaros cuando al atardecer regresan a sus nidos en los árboles del fondo del patio; el alboroto de tus gallinas en el corral o los maullidos de tu gata Bratislava; el sonido tan particular que tenía el timbre de tu puerta y sobre todo ese ulular del viento cuando mecía los chaguaramos de la entrada, para que los puedas oír como fondo de nuestras conversaciones. Aunque me temo abuelita que al visitarte las palabras serán sólo mías, porqué tú muchas veces no sabrás ni siquiera quien soy yo.
Abuela te cuento que me sorprendí al entrar a tu casa, desconocía que todavía quedaban tantas pertenencias tuyas allí. Creí que después del saqueo que de ellas hicieron mis tíos y primos, sería bien poco lo que quedaba de valor. Pero me equivoqué. Allí estaban en el piso, echadas a un lado como basura “tus queridas cosas”, las que tú amontonabas con celo en la gaveta de tu peinadora, o en aquella enorme caja que casi no cabía en la parte de arriba de tu closet y que muchas veces, con la complicidad que siempre existió entre nosotras, me dejaste ver y hurgar en ellas.
Encontré muchas fotos, la mayoría en blanco y negro. Supongo que ya no te acordarás de las que te tomaron en el barco que te llevó por primera vez a Europa y en el cual conociste al que fue tu misterioso amante. Nunca me quisiste revelar su nombre, pero si me enseñaste sus fotos: era igualito a tu actor preferido Clark Gable. Las vi una y otra vez. Me maravillé con aquella en que lucías feliz con un gran sombrero blanco, sonriéndole al mundo, brillantes tus ojos verdes. ¡Cómo envidié tu figura tan esbelta! Nadie diría que para esa época eras una viuda con cuatro hijos y sólo tenías 35 años. ¡Si parecías una modelo!; con tu Chanel a media pierna o con aquel vestido vaporoso al que el viento levantaba la falda. ¡Que hermosa y distinguida te veías abuela!
Te juro Mamá Carmen, viejita querida, que lo que más pena me dio fue comprobar como tampoco ninguno de los que estuvieron antes que yo en la casa, se quiso llevar tu enorme pintura al óleo donde apareces de cuerpo entero, trajeada de largo, con airoso cuello y serena mirada y aquel peinado en alto de tu melena rubia. Sé que tu belleza hoy haría palidecer a cualquier Miss Venezuela.
Igual de abandonados en el suelo estaban todos tus abanicos, junto a las cientos de cartas y tarjetas recibidas, las que tú guardaste por años con tanto apego.
Estuve largo rato buscando aquellas cartas que recordaba estaban atadas con una cinta verde. Esas que te escribió tu primer novio, el que me contaste que después se convirtió en un famoso escritor y las que estoy segura tú habías respondido con todas las frases bellas que salían de tu corazón enamorado. No las encontré. Espero que fueras tú quien las haya destruido cuando supiste que perdías la batalla y que tu memoria se destejía, se dispersaba hacia el ocaso e iba a quedarse confundida en cualquier rincón de tu casa; sin que pudieras hacer nada para impedirlo. No puedo ni imaginarme siquiera si la chismosa de mi prima Rebecca, las llegó a descubrir. No creo que así fuera, ya que con lo ambiciosa que es, las hubiera subastado en Internet.
Abuela querida te prometo que ahora voy a adentrarme en mis recuerdos, para poder dibujarte con mis palabras todos los que tengo de ti, y así los repasemos al igual que las lecciones de catecismo que tú me dabas. Que te contaré una y mil veces las mismas historias que tú me narrabas; hasta que llegue un momento en que, al igual como yo hacía cuando era niña, seas tú quien continúe con el cuento o adivines su final.
Me las arreglaré para pintar tu nueva habitación con el color rosa que tenías en la tuya y quitarle así ese blanco hospital que siempre te deprimió. Pondré en la ventana la misma cortina de volantes que tú habías hecho, así al correrla en la mañana para que entre el sol, creerás que estás todavía en tu casa de tantos años.
Me aseguraré también de que te puedas arropar con tu colcha de flores y de que no te falte tu viejo mecedor, el mismo donde leías las poesías de José Ángel Buesa y arrullabas a los nietos.
Abuela: No sé por cuánto tiempo más andarás a tientas por tu camino de sombras, sin que las raíces de los recuerdos se desprendan para siempre. Cuántas lagunas irán llenando, hasta dejarla transparente como cristales de hielo, el universo de tu memoria. Quiero que sepas que cuando llegue el día en que ya ni tu nombre puedas recordar; en que tu mirada vague por un infinito que no puedas atrapar; yo estaré cerca para tomarte de la mano y esperar que seas tú quien con suavidad, casi sin rozarme, limpie de mi cara como tantas veces lo hiciste, esas lagrimas que hoy no puedo evitar.
Te quiere tu nieta consentida.
Ileana



(Con esta carta concursé para Cartas de amor de Mont Blanc 2.009. No hubo suerte, pero insistiré el próximo año.)

3 comentarios:

SaSeD dijo...

me ha conmovido al bode de las lagrimas, quizas por tu talento, quizas porque estoy busando escusas para desahogarme.
Me ha dado mucha alegria encontrar tu blog, estare al pendiente ;)
suerte en el proximo Mont Blanc

Francisco Pereira dijo...

Que hermoso homejaje a tu abuela, que palabras tan sentidas, por unos minutos viví en tí, viví tus recuerdos, entí el dolor y la tristeza. Tus palabras se convirtieron en lágrimas porque es inevitable hacer la referncia porque tuve una abiela excepcional. Al final lo mas hermoso son los recuerdos, esos espacios que dembulamos en nuestra mente y los vivimos como hoy.

Joseín Moros dijo...

Genial!
Un abrazo.