Después de 35 años sin visitar al país, con tan solo llegar al
aeropuerto Juan Santamaría de San José de Costa Rica, ya pude constatar el
enorme cambio favorable que ha tenido. Su capital San José, aún conserva sin
embargo un aire pueblerino, con calles flanqueadas por casas que ahora se han
convertido en comercios variados y que laten al ritmo de miles de peatones. A
toda hora en los cruces de las esquinas caminan presurosos, sin detenerse ante
sus emblemáticos edificios como el primer hotel lujoso el Costa Rica, con su
bien servido restaurante, el cual se precia de haber alojado a Cantinflas, y situado frente el Teatro Nacional (finales del siglo XIX), y en ángulo con el
Museo del Oro precolombino, de arquitectura subterránea y la Plaza de la
Cultura. La catedral de San José de Nazaret, con su cúpula, vitrales y pisos de
mosaicos. El antiguo edificio de Correos y Telégrafos o el moderno edificio que es
sede del Tribunal Supremo de Justicia en el distrito financiero. Acaso en los
parques y plazas sea en los únicos sitios que se detiene ese ritmo, al recibir por momentos a la parejita joven enamorada, al
adulto mayor jubilado o al indigente adormecido. Para
tomar el pulso es obligatorio visitar el mercado Central y apreciar la variedad
de productos agrícolas, sus típicos comederos y la gran cantidad de ventas de
flores. Al igual que ver el largo callejón de tarantines que es el Mercado de las Artesanías exhibiendo trabajos
en madera, tejidos y cerámica, adyacente a la Plaza de la Democracia y cercano al Museo Nacional con su escalinata flanqueada por un extraña escultura de
vidrio. En el parque La Sabana está el estadio Nacional de fútbol dos medias
conchas que desafían al espacio y lanzan su reto al cielo; el Museo de Jade, en
la sede del Instituto Nacional de Seguros, con una enorme escultura en bronce en
su frente. Muy cerca La Casa Amarilla, sede del gobierno, la cual cubre una manzana y luce confiada a la mirada del paseante
turista, sin grandes guardianes.
jueves, 14 de marzo de 2013
martes, 12 de marzo de 2013
Presente, pero nunca cercano
PRESENTE, PERO NUNCA
CERCANO

Los acontecimientos que siguieron después serán juzgados por
la historia, El por qué esa figura que surgió de un madrugonazo llegó a
conectarse en forma tan cercana con una parte de la población no entra en mis
análisis político y se escapan de estas líneas.
Lo cierto es que durante 14 años su figura se mantuvo en primera plana, su cara presente
en mi pantalla de TV por el tiempo que
fuera capaz de resistir las largas cadenas o las charlas bien actuadas,
cronometrados sus movimientos con el fin específico de cautivar al oyente. No
eran al azar sus muecas, el dirigirse a los subalternos para pedir un datos o
preguntarles cualquier cosa. El sabía que debía de mantenerlos atentos,
pendientes del llamado. El tic nervioso en la boca, que la volvía mueca, la
pausa para beber café o agua. Todo estaba pensado para causar un efecto. Un
actor formado en el Actor s Studio no lo haría mejor.
Una vez vi a un encantador de serpientes sacar del canasto a
una cobra y erguirse en un baile algo
macabro, sólo con el sonido de una flauta. Sorprendente como poco a poco al oír
las notas, la cobra salía desde el fondo encestado y se mantenía erecta y
desafiante. Así era el efecto Chávez en las masas. Confieso que conmigo nunca
hubo esa conexión que me hiciera salir del cesto.
Ahora muerto Chávez, mi
distancia con su figura se hace aún más lejana, Mientras miles de cobras
esperan por un nuevo encantador, que les haga sentir que forman parte del baile,
se vuelve más
peligrosa en su contenido: Nace un mito,
un casi santo se está gestando Amanecerá de nuevo y todos seremos los mismos.
Menos uno..
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